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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Manila (2)

Lo único malo de no seguir el plan original es que hemos vuelto por donde fuimos, El Nido primero y Puerto Princesa después,  y aunque los dos sitios me gustan te queda la sensación de repetición y haberte perdido algo distinto -que no tiene  porque ser mejor.

El viaje a Puerto Princesa se hace corto, las cinco horas por el paisaje salvaje de Palawan se van en un suspiro, luego bollos, cervezas,  cena, paseo por la bahía con locales, guesthouse acogedora... y vuelo a día siguiente para volver a nuestra terrible Manila.... que sigue igual de terrible, hasta 4 taxis hasta que agarro uno honesto que pone el taxímetro, de nuevo menos de tres euros. Y de comida Mc Donald! !! Lo que tiene llegar a deshora.


..... Y hoy Manila ha mejorado, ha sido por el encuentro con la historia. Que ganas tenia de historia, se echa algo de menos en algunos destinos asiáticos, y además de historia del imperio español. Casi no queda nada, todo fue destruido finalmente en la II Guerra Mundial. En la batalla final, en sólo un mes, murieron más de 100.000 civiles entre la barbaridades japonesas y los bombardeos americanos.

La zona histórica se siguen llamando Intramuros, y es la muralla lo que mejor ser conserva, se ven los bastiones perfectamente, y pegado a las murallas han decidido hacer un club de golf, se ve que la única manera de mantenerlo cuidado. Antes de entrar en la muralla el Parque de Rizal.

Lo mejor que queda es el Convento de San Agustín que es Patrimonio de la Humanidad. En el claustro y demás dependencias han montado un museo bastante bueno. Impresiona leer sobre las rutas entre España y el Imperio.  La circunvalación al mundo y visita - que pago con su vida- de Magallanes; la apertura de la ruta de vuelta desde Acapulco a Filipinas, tras la conquista de Legazpi. La ruta de vuelta fue abierta por un fraile, tres meses ida y seis de vuelta, la ruta del galeón de Manila, del que llegaban los mantones a Madrid; la ruta desde Cádiz por el Cabo de nueva Esperanza de casi seis meses, y finalmente su reducción a 40 días cuando se abrió el Canal de Suez.  Que cantidad de buenas películas y buenas historias nos estamos perdiendo.


El museo conserva claustro,  refectorio, sala capitular - aquí se firmó la rendición con los Estados Unidos en el 98- y el claustro superior con un puñado de obras curiosas, religiosas nativas. Y la historia de unos frailes de otro tiempo, también verdaderos aventureros. La iglesia es sencilla de grandes muros y ha medio sobrevivido a todo tipo de conflictos, quizá me gusta más por la ausencia de monumentos estos meses. Tienen una réplica del niño dios que trajo Magallanes en su primer viaje y que se reencontró en la visita posterior de Legazpi.

Enfrente hay unas cuantas casas coloniales reconstruidas que dan algo de color. Los guardias en esta zona llevan los uniformes de la época colonial, sombrero incluido. Más adelante la plaza de la catedral, reconstruida mil veces pero desde fuera todavía tiene una vista bonita, le ayuda la plaza justo enfrente donde descubro una estatua a Carlos IV agradeciendo la expedición que trajo la vacuna de la viruela, la historia que leí recientemente, A Flor de Piel.



Más al fondo el Fuerte de Santiago,  la fortaleza que controla el río Pasig y que se añade al resto de la ciudadela. También es una zona agradable y cuidada con jardines.  Queda poco, y lo que mas se recuerda aquí es a Rizal, el mártir de la independencia,  aquí sufrió prisión y fue fusilado en el parque que ahora lleva su nombre. Aquí es un mito, y mi opinión personal es exactamente esa, mito, con una parte de realidad y un uso posterior político. ¿Figura de la independencia para ser colonia americana hasta la guerra...? pero el personaje en cuestión era extremadamente brillante, y como todos los libertadores de colonias hispanas con educación ibérica y criollo. Bueno, aquí con mezcla china no sé como se llamará.


En cuanto te sales de la calle central de Intramuros te topas con Manila, niños por el suelo, pobreza y supervivencia,  ruido y tráfico,  y aun así hoy me gusta mas y se aguanta mejor. Justo fuera de las murallas esta el parque. Me imagino que también por la guerra es casi un parque sin árboles grandes, pero agradable.  Es como si a veces echará de menos que Manila no se parezca más a Sudamérica,  las plazas, las casas, el Cabildo, las iglesias, ... es como que quisiera verlo ahí,  pero no está. Aún así me encanta imaginar la historia aquí.


El Parque de Rizal tiene alguna cosa curiosa, un intento de mapa tridimensional de las islas Filipinas,  una estatua gigante del indígena que mató a Magallanes y retrasó la conquista 40 años,  un montón más de bustos de personajes históricos, todos a nuestra costa, un auditorio, y buen ambiente de familias y relajación.

Al día siguiente termino la visita histórica, volvemos al parque de Rizal, hoy es 30 de diciembre, el día de su fusilamiento y fiesta nacional, nos acercamos al lugar del fusilamiento y a su tumba que está en el parque, hoy con la bandera a media hasta a su lado. Fusilado por soldados filipinos, curiosamente se representa fusilado por la espalda, no se si por realismo o por teatralidad.



Nos acercamos al Museo de pueblos filipinos que tenia ganas de ver,  hoy es gratis me imagino que por la fiesta. Hay alguna cosa curiosa como el comercio del marfil o la exposición de las gentes de Mindanao. Lo que mas me gusta es la exposición del galeón hundido en la bahía de Manila en la defensa de la ciudad contra los holandeses. La vida del capitán a bordo era de lujo.

Quizá lo más excepcional de la parte prehispánica son la construcción de barcos, obviamente hechos completamente a mano pero con una técnica totalmente distinta. Las tablas unidas por cuerdas a través de agujeros que se dejaban en las propias láminas y luego unidos por costillas de madera. Han encontrado algunas barcas de casi 1700 años de antigüedad.

Como siempre se intenta explicar el gran estado de desarrollo antes de las llegadas de occidentales, todo porque podían fabricar vasijas de barro. Las que son espectaculares por diferentes son las que usaban como urnas funerarias con cabezas antropomorfas como tapas, son muy curiosas y un tanto intrigantes.



Por cierto conseguimos el pasaporte, el gran condicionador de andar tanto tiempo alrededor de esta ciudad. Un sitio exótico para tener un pasaporte expedido. No recomiendo la experiencia.

Ya estamos listos para salir de Manila y de Filipinas, pero volveremos, como dice la campaña. Evitaremos Manila, volaremos a Cebú con muchas ganas de playa y de buceo, a ver si no hay más tifón.  De momento dejamos el archipiélago y esta capital. Filipinas como Indonesia son muchos países,  he visto dos distintos excepcionales, La Cordillera y Palawan, y otro decepcionante, que no es Coron sino Manila, bueno, más que decepcionante preocupante, pero de la miseria y sus consecuencias no se puede huir, pero es verdad que en muchos sitios de Asia no es tan palpable.


Antes de irme me he terminado un libro en inglés,  de papel de playa, Moriarty.  A veces es complicado elegir en el intercambio de libros!!! Me ha gustado más de lo que me esperaba, es bastante entretenido.  Me sorprende que un tipo pueda escribir así de fácil por encargo, ahora una continuación de Sherlock Holmes, luego el siguiente libro de James Bond, libros para niños o sus propias novelas. No es un gran libro, pero tiene  su merito.

martes, 8 de diciembre de 2015

Banaue

El dia del trekking de Batad a Bagaan llegamos a Banaue  de nuevo, este pueblo es la entrada y la salida de la zona de Ifugao. Pasamos la tarde en Banaue, es un pueblo catástrofe en un paraje impresionante. Las casas se suben por las montañas como las terrazas, las terrazas también. Sale el sol, otro clima, otro lugar, el verde brilla en todas las montañas. 


Encontramos un lugar para quedarnos, Uyumi Guesthouse, y salimos a comer algo. Todo más barato, todo más rico, nos dedicamos a los dulces. En la plaza del pueblo los coches siguen llegando como en Belle Epoque,  con sus ruedas de respuesto,  gentes y cajas por todos los sitios y mil colores.


Nos acercamos al museo, nos lo recomendó Eduardo por las fotos. Merece la pena, son de 1910, verdaderas tribu casi africanas, con sus pigmeos incluidos - aquí se les llama negritos y son una raza- Aquí aprendo que las casas de aquí son casas y no hórreos.  También la tradición de sentar a los muertos en una silla especial hasta 15 días antes de enterrarlos. A los que mueren asesinados no, a esos los apoyan contra un poste de la casa, para que el espíritu se amargue y se vuelva vengativo.

El último día lo tomamos de relax que vuelve a tocar volver en bus por la noche, así que desayunamos y comemos y merendamos, y probamos más dulces y tomamos más San Miguel. Lo único que hacemos es subir a ver las terrazas de Banaue desde los miradores, aprovechando un hueco entre el invierno y el verano que hay aquí, para evitar riesgos y por vaguería subimos en triciclo, unos 15 quince minutos y unas cuantas paradas.


La vistas son buenas desde cualquier sitio que te asomas, las terrazas llegan desde lo alto de las montañas al valle que hace el río que pasa por Banaue. Aquí las terrazas son de barro no de piedra, así que el barro es colonizado también por el verde y toda la montaña parece tallada y mimetizada.


Desde arriba del todo hay una vista completa hasta Banaue, aquí me dan ganas de andar, me pasa como en el Camino por las mañanas al ver las pequeñas rutas por la montaña, para meterme en el paisaje en vez de disfrutarlo en la distancia.

Aquí se ven unas ancianas que se visten con ropas locales para ser fotografiadas y llevarse una propina. Nunca pago por una foto, y no me gusta hacer fotos de gente no espontánea, pero aquí es por una buena causa. Obviamente no hay seguridad social,  sólo los hijos, y estas señoras parecen tener casi 100 años,  con las propias terrazas esculpidas en la cara.


La gente mayor que ha vivido en el campo en esta zona camino totalmente encorvada, con la espalda como una ele totalmente inclinados mirando al suelo. Me imagino que el resultado de décadas de trabajo agachado en el arrozal, ahora removiendo la tierra y dejando un camino tortuoso en la piscina de arroz, fácil de adivinar en la huella que dejan detrás. Ya lo vi en China,  en la columna del dragón,  no es una situación excepcional, casi todo los mayores en los pueblos caminan así.


En el pueblo la vida sigue en la plaza principal, con sus transportes, sus gallinas y sus bultos. Nosotros nos preparamos para la paliza nocturna, más bollos y más San Miguel. Y fluimicil para el trancazo.

En sólo dos páginas se recupera todo el amor por la literatura,  entiendes porque unos libros te gustan y otros no, porque un escritor te llama una y otra vez. Unas líneas de Benedetti son suficientes, aunque siempre sea triste. La Vecina orilla, una historia de 45 páginas perfectas. Alguno me dirá que un poco de rojos.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Bangaan

Ha sido un trekking perfecto en un día estupendo en el que todo ha salido redondo, cada vez más cómodo en la zona, y disfrutando de la naturaleza. Cuando volvía en el autobús pensaba que estos 5 días son un viaje en si mismo a un  mundo diferente, otro viaje dentro de mi viaje.

Nos hemos levantado con sol y después de desayunar hemos emprendido el camino, había que evitar la lluvia. Hemos salido por la entrada del pueblo y enseguida hemos bajado un fuerte desnivel, en 20 minutos ya estábamos andando por terrazas, con Gaspar,  un perro hambriento mas que nos guía y acompaña todo el día.


Vamos solos, sin guía, y al cruzar las primeras terrazas se acaban las indicaciones y simplemente seguimos el consejo de bordear la montaña. Y vamos si las bordeamos. Lo hacemos durante más de tres horas, pero hoy el perfil de la etapa es mucho más plano y se agradece.

Como vamos muy altos en cuanto damos la vuelta a la montaña disfrutamos de un paisaje nuevo,  un valle nuevo. Las grandes montañas se pierden hacia el este y el camino se adivina como el de Santiago pegado a la montaña. Aquí nos encontramos con el único otro viajero,  este viene guiado y enseguida nos adelanta. 


En esta zona las terrazas están plantadas de arroz y brillan con un  verde fluorescente en la distancia, como pintadas,  con sus pequeñas casas e iglesias en el centro. Desde lejos no se ve como llegar a estos pueblos.

En la otra vertiente de la siguiente montaña llegamos a otro valle, menos espectacular que el anterior pero también con las terrazas verdes de arroz. Por el camino  hemos pasado algún pequeño pueblo en el que además de arroz empiezan a cultivar judías y pimientos en las terrazas,  al menos mejorarán la dieta.



A lo lejos se adivina la carretera principal, cuando llegamos vemos que vamos por buen camino, es una carretera que se está abriendo a través de las montañas,  estas se niegan y lo llenan todo de piedras. Las paredes las intentan sostener con  nuevas terrazas, igual de manual y tradicional que hace dos mil años.  Parece un trabajo interminable.


Después de andar diez minutos por la carretera llegamos a Bangaan. Es un pueblo en lo alto de una curva,  pero su valor está de nuevo en sus terrazas y sus casitas allí metidas. Otro nuevo valle, mas nuevas terrazas, otra postal. Parece también de mentira. Fotogénico. Aquí nos pasa un ciclista que es de Huesca y trabaja en Manila, ya son ganas!!

Paramos a comer en el Family Inn. No son ni las doce, pero aquí esperaremos un transporte con unas San Miguel . Antes de irnos llegan otros dos chicos de Madrid con su guía,  hacen el mismo recorrido pero vuelven a Batad. En unos minutos el tiempo se va al invierno y no se ven ni las montañas delante. Justo viene el bus y dejamos aquí a Gastar después de darle los restos

Finalmente nos vamos en un bus muy local, pero por suerte no nos toca ir en el techo. Llueve, la carretera esta llena de piedras que caen de la pared, y vamos viendo el desfiladero todo el camino por las ventanas de madera. Se pasa susto. Al llegar nos cobran local, medio euro, y nos seguimos dando cuenta que sólo los que realmente están demasiado cerca del turismo son mala gente. 


domingo, 6 de diciembre de 2015

Cambulo

Nos ponemos a andar. Había un opción de hacer un trekking circular de dos días pero entre la lluvia y la posibilidad de no encontrar alojamiento entre medias o tener que hacer una segunda etapa muy larga lo dejemos aparcado. 

Como estamos en lo alto del pueblo nos ponemos a andar en paralelo, para intentar evitar las subidas y bajadas.  El camino no es fácil.  Aquí ningún camino es fácil. Pero evitamos los guías, nos fiamos de mi orientación y vamos  a nuestro ritmo. Vamos entre la montaña, totalmente verde y tupida. En cuanto salimos a las terrazas la vista es un verdadero espectáculo.  La geometría de los estanques y de las minúsculas casas entre medio es perfecta.  La montañas del fondo una broma.


Caminar por el hilo de piedra que separa los distintos estanques ya no es tan broma. No es que sea peligroso pero no es nada cómodo, y hay que tener mucho cuidado porque es muy resbaladizo.  De vez en cuando es piedra, a veces barro, a veces casi nada. Pero se ve porque terraza hay que andar.


Vamos llegando a distintos miradores hasta que llegamos al más alto de Batad.  Otro sitio que hipnotiza, te puedes quedar ahí toda la mañana.  Como que te llaman la terrazas y los reflejos de sus piscinas,  pero aquí vemos el letrero a Campulo y decidimos ir para allá.  Era la parada del trekking circular y le tengo ganas.

Empieza a llover, sin parar. Son algo más de tres kilómetros de rompe piernas, sube y baja de barro y piedra muy resbaladizo. El paisaje ni lo veo. Me caigo varía veces, en mi media, nada grave, arañazos y vergüenza de vez en cuando.   Como vamos sin guía de vez en cuando dudamos, pero lo encontramos sin problemas. Se ve poca gente pero siempre lo locales nos ayudan. 


Cuando llegamos a Campulo para de llover. Este sobre otras terrazas de arroz en la curva del río. Un río que abre una tremenda grieta entre las montañas.  La parte final es larga y dura. El pueblo más bonito de lejos que de cerca. La construcciones son muy pobres, de chapa. Sólo las casas como hórreos,  como los leoneses y asturianos, cuadrados, siguen siendo de madera y conservan toda la tradición  a su alrededor, utensilios, animales, algo de vida social.

Casas tradicionales que durante días confundí con hórreos de verdad hasta que fuí al museo de Banaue, son muy pequeñas, cuadradas, de madera con techo de palma. Sólo una habitación para dormir. Encima un desván para guardar el arroz en su función hórreo con sus guardianes se madera. La escalera de mano se guarda dentro de la casa. Fuera los animales, la cocina debajo para taparla de la lluvia, y los pequeños útiles y cestas.


En la parte de atrás se ve pasar el río,  crecido de montaña,  con un puente colgante que se mantiene en precario equilibrio y que une a otros pueblos mucho más arriba. Por aquí se seguiría a Pula, sólo tres kilómetros mas,  el plan inicial, pero nos damos la vuelta, ya vamos bastante mojados.  Antes comemos algo básico aquí antes de salir. El pueblo no tiene estructura, ni calles, pasas de casa a casa.

La vuelta es mucho mejor,  para de llover y escampa, nos secamos y disfrutamos del paisaje de montaña,  selva y arrozal. La vida de todos los que nos cruzamos me parece realmente dura, todo lo transportan a hombros por unos caminos en los que apenas caben los pies. Mastican todos nuez de betel,  muy roja, como sus dientes, escupiéndola por todas partes. 


En la vuelta al mirador conocemos a dos chilenos, muy risueños,  Carlos y Carlos. Nos quedamos un buen  rato allá arriba. La vista todavía más espectacular,  con más luz. Un paisaje inolvidable.  Un paisaje atrayente. Cada vez que te paras en un terraza, en un camino, te vuelves a asomar al balcón,  te quedas pensando si es real. Demasiado perfecto. 

Ya le hemos cogido el truco al pueblo y a la zona, con nuestra cervezas,  nuestras  pobres comidas,  nuestras duchas calientes, y todo con grandes vistas, lo mejor. Ya empezamos a disfrutar Filipinas


sábado, 5 de diciembre de 2015

Batad

Vengo al Norte de Luzon, el motivo de venir tan lejos son las Terrazas de arroz de Ifugao, Patrimonio de la humanidad,  y en este caso muy merecido.  Son más estanques que terrazas, no llegamos en época de arroz verde pero el agua refleja el mundo de manera geométrica.  Las de esta zona están hechos de roca, piedra a piedra, con canales de regadío comunicados. Introducidas por los chinos hace miles de años convierte la montaña en obras megalíticas,  mantenido y creadas durante siglos.


Hay que pasar la noche en autobús para llegar al norte del país.  Llegamos de casualidad a la estación porque el atasco es monumental, más de una hora para menos de 5 km. El autobús no parece tan terrible hasta que los locales empiezan a sacar unos asientos como de broma acoplados a los laterales, vamos cinco por fila. Y hace un frío que pela. Tras diez horitas llegamos poco frescos.

A las 7 de la mañana en Banaue y casi sin dormir me enredo en los típicos timos de zona turística. Te esperan nada más bajar del autobús y te lían,  con el precio de los transportes, de los guías, de todo.  Llevo tres días en Filipinas y veo poco de la sonrisa filipina y sólo un acoso continuo al viajero. Después de tomarme un chocolate caliente - hace bastante frío, estamos en la Cordillera- se me aclaran las ideas y nos vamos por nuestra cuenta a Batad que será el centro de operaciones.


También en la oficina de turismo me mienten, es una red organizada para expoliar al viajero. Bajamos a la plaza del pueblo que está en plena efervescencia de mercado local  y esperamos al jeepney público que sale a las nueve, los triciclos ya nos piden 4 veces menos. Al final son 150 pesos por cabeza,  sabemos que para los locales es solo 50, pero está bien. Luego me entero que uno de los turistas que va en el techo ha pagado más de 600, por eso hemos salido tan pronto. Inflación turística. 

Batad estaba aislado, sólo se podía llegar a pie, pero este año han asfaltado la última parte así que sólo hay que andar 15 minutos para entrar en el pueblo. El final del aislamiento ¿para bien? No lo sé.  La vida aquí hay tenido que ser muy dura, y estas terrazas a lo mejor sin la entrada  de dólares se abandonarían, pero le va costa mantener el carácter que tiene hoy en día. Aquí ya me siento mucho mejor y día a día va a mejorar.


La entrada por lo alto del pueblo es realmente espectacular, se conoce como el anfiteatro de Batad,  y realmente lo es. Una montaña gigantesca convertido en un escalera gigante. Al fondo una cadena montañosa perfecta,  angular, verde. En el fondo casas como horreos metidas en el agua de las terrazas. 


El primer día no hacemos nada, estamos muertos, tenemos tiempo y el meteorológico no acompaña así que simplemente lo dejamos pasar, todavía un poco caliente por las ofertas timos iniciales. El guesthouse es un poco cueva,  como todas aquí,  muy locales muy básicas. Nos mudamos a casa Rita, que al menos puedes comprar ducha de agua caliente. Por todo te cobran aquí,  por las toallas,  por cargar el móvil,  por un palo para el monte y hasta dos euros por un litro de agua!

Y salió el sol,  aunque dormí fatal por el medio trancazo que tengo del autobús, nos levantamos con fuerzas para  otro paseo. Hay una cascada famosa en el pueblo y nos llevará a otro paisaje distinto, al río,  además de darnos la oportunidad de andar por las terrazas del valle, mis terrazas.

Desayunamos con las vistas del anfiteatro y salimos a andar. Intentando economizar subidas y bajadas. Hoy vamos a media altura del anfiteatro pero con la luz del sol, sigue sorprendiendo.


Llegamos al paso elevado por donde empieza el camino a la cascada, es una bajada terrible, desde la montaña al río,  sin transición. Las piernas duelen y tiemblan, pero merece la pena, se ve perfectamente la curva del río modelando las montañas.

Cuando parece que no vas a llegar nunca aparece la cascada, es bastante alta, más de 20 metros, cayendo del curso del río,  saliendo de la selva, todo alrededor muy verde. Está bien que merezca la pena por la cantidad de paseos que das para ir  a ver cascadas ridículas, aquí el conjunto compensa. Le sobran los tenderetes que han montado los locales dentro del río,  que terminarán tapando la vistas. Aquí conocemos  a Eduardo, un tipo de 60 años que tiene un gran trabajo,  ir preparando y revisando circuitos turísticos.


La vuelta es dura y larga. La llegar  a la meseta bajamos al llano, para cruzar las terrazas centrales y visita el pueblo e vemos desde el primer día.  Es el más bonito. El más genuino. Con todo el suelo de piedra,  sus hórreos,  sus mujeres asentando arroz, dos iglesias, y sus patos, gallinas y cerdos. Aquí comemos, tan mal como siempre pero muy tranquilos y con San Miguel.


Otra vez la subida final, que se hace durísima, y nos enseña una nueva perspectiva. Pero todo sube a golpe de escalón,  muchos entre la propia terrazas como lajas que sobresalen. Un paseo irregular. Llegamos a casa Rita pensando en la ducha caliente. Romeo, el dueño, es un tipo curioso, parece un poco troglodita y sin embargo es casi un bohemio. El montó aquí la primera pensión hace 40 años.  Hasta sale en la Lonely Planet.  Y es verdad, siempre ríe.

Me he leído un libro de Carvalho,  de Vázquez Montalban,  La Rosa de Alejandría. Lo tenía en la lista de autores pendientes a probar en el sabático.  Me ha entretenido como historia policíaca, con su ambiente de los años 80 y su amor por la cocina, incluso con sus descripciones de lugares de España que llevo en mi cabeza, como Albacete y El Río Mundo. Pero no me gusta como escribe, entre simple y complejo,  no me gusta ni en una versión ni otra. Pero bueno, sirve de entretenimiento, es novela policíaca.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Manila (1)

Manila me recibe de mañana.  Un vuelo terrible que no me dejara dormir, se sale a la 1.00 am de KL y llega a las 5 am. Llegamos con luz, se agradece. Lo primero que me sorprende es el transporte.  Los jeepneys,  esos coches camiones alargados de transporte,  pintados de mil colores, parecen recién salidos del caribe, de La Habana.



Ahí se acaba lo bonito. Manila es sobre todo miseria. He visto más miseria en un día que en seis meses por Asia. La gente vive tirada por las calles, hay mendigos por todas partes y muy insistentes, las calles llenas de prostitutas, y sobre todo los niños, una pena, pidiendo como en juegos, siempre mendigando. 


Nos quedamos en una guesthouse cerca del centro, Wanderers,  muy de viajeros y con  muy buena terraza. Aquí pasamos el tiempo huyendo de la ciudad, conociendo gente y preparando próximas etapas. Nos encontramos a Enrique,  el rojo mayor que nos encontramos en Penang hace cinco meses. Sigue contando historias, le siguen pasando cosas y sigue andando por ahí sin camiseta.

Tenemos que hacer un tramite en la embajada española,  tenemos que renovar el pasaporte. Chocamos con la administración hasta fuera del país.  Hay que volver al día siguiente porque el canciller tiene que ver físicamente el pasaporte!!!! ... y está visitando  a un enfermo!!! .... somos los únicos en la cola. Cierran para el puente de la Constitución, también las fiestas locales,  y una hora antes de cerrar, a la una ya no dejan subir a nadie, no sea que se atasquen.  Nada nuevo en el imperio.


Sufrimos las primeras experiencias viajeras. Terribles. El metro es por superficie y la cola para subir tremenda. Entrar en los jeepneys es una risa. A donde vamos a parar es cuestión de suerte. Es muy barato y la gente ayuda. Se entra por detrás, mandas tu dinero hacia el conductor y te devuelve unas monedas que pasan de mano en mano. También hay triciclos a motor y sin motor. El caos. Pero colorido. 

Intentamos dar un paseo por la ciudad, por la parte nueva. No merece la pena. Es desagradable.  Mucho edificio nuevo sin casi espacio para andar y ruido y coches por todos los sitios. Makati se llama la zona. Prescindible.


El otro descubrimiento positivo es la cerveza, la famosa San Miguel, que tiene monopolio en Filipinas. Es la original, de donde se separó la marca española.  Está muy rica, se encuentra muy fácil - aquí son católicos y muy católicos,  nuestra herencia- y además es muy barata. Sorprende que en algunos sitios está al precio del agua!!!

Nos vamos al norte, veremos la parte histórica,  la poca que dejo la Guerra a la vuelta. Hay que volver a recoger el pasaporte!!