miércoles, 10 de febrero de 2016

Apo

Después de la cena y charla con Vincenzo, el importador suizo de vinos, y despues de descansar poco salimos para Apo island. Si la isla de Apo. También hay un arrecife de Apo este entre Mindoro y Corón. La isla la estuvimos viendo todos los días desde Siquijor, sobre todo cuando el sol se ocultaba justo ahí y queríamos venir por los comentarios legendarios sobre sus tortugas.


El camino como siempre requiere de unos cuantos transportes, triciclo a la estación, por 8 pesos,  luego un Jeepney hasta Matalay,  20 pesos, y luego lo más caro y complicado, el barco, 300 pesos, ni seis euros, pero para 30 minutos de barco aquí es caro. Por lo menos le da una buena buena vida a los pescadores y así se olvidan de dinamitar el arrecife, a largo plazo ganamos todos con una pequeña inversion.

En Matalay hay un  mercado los miércoles , hoy no, pero no sé que día de la semana es, pero no miércoles porque todos los puestos están vacíos. Sólo se ve a un hombre llevando leña en un carro no medieval sino prehistórico, no tiene ruedas, sino como patines hechos de madera, y de él tira un búfalo de agua.


Al llegar al puerto hay mucho lío. Como es año nuevo chino han venido un centenar de excursión a la isla, sólo durante el día,  pero han colapsado y monopolizado los barcos que hay para ir. Llegamos sobre las diez y no nos vamos hasta más de la una, y con suerte. Hay un barco publico a las dos o las tres, y esa era la última opción.  Por lo menos espero en una playa leyendo un libro que no es mala espera,  pero el proceso es tan caótico que cada rato hay que darse una vuelta para asegurarte que no pierdes el sitio.

El viaje con el barquillo patinador es el peor de todos los tiempos, dura sólo media hora, pero nos pasa más agua por encima del barco que por debajo, y eso que hace buen día.  Abrazado a la mochila protejo las riquezas que no llegan muy mojadas porque van en bolsas de plástico,  pero yo llego chorreando. Podía haber venido nadando y me hubiera mojado menos. Pero ya estamos aquí. 

Apo es una isla pequeña,  una parte un poco más alta, todo verde y un pequeño poblado con casas apiladas, y un par de mini resorts para bucear. Yo reserve con Mario, un local, en una habitación estupenda con super terrazas desde donde escribo con mi San Miguel.



Dejo las cosas en el hotel y me voy a hacer snorkel a la playa, en  teoría ese es el lujo de Apo y su leyenda y a lo que viene la gente en excursiones de un día.  Vincenzo me enseñó algún video ayer pero tampoco parecía gran cosa, y aunque había oído hablar de las tortugas nada me ha preparado para lo que acabo de ver esta tarde. Me he encontrado hasta con siete tortugas,  verdes, algunas tan grandes como yo, y paciendo en el fondo del mar, con la peculiaridad de que no hay ni medio metro de agua.


La playa es una roca plana, y así es dentro del mar también,  apenas cubre y el fondo está lleno de hierba, como un  jardin. Aquí es donde vienen las tortugas a comer, es una reserva marina y se ve que bien cuidada. He estado sólo toda la tarde en el agua, hasta que se ha hecho de noche, me he quedado helado, me he perdido la puesta de sol, pero no podía parar de moverme de una a otra, cada vez más,  cada vez más grandes, más cerca, y ellas sin ningún miedo.


Las había visto en muchos sitios, muy grandes, en Sipadan, en Komodo,  en Bunaken, en Bonaire,  ...pero nunca tantas, tan grandes, tan cerca, tan tranquilas. Las rémoras se asustaban más que las propias tortugas y se pasaban del caparazón por arriba a la zona de abajo.


También he visto algún bicho más,  sobre todo los cangrejos porcelana que ahora los veo casi a diario y haciendo snorkel, pero hoy padre e hijo, incluso toda la comunidad en la anémona,  con el pez payaso y otro más que hasta me ha mordido mientras hacía una de las fotos. Hoy me lo merezco,  les he hecho muchas fotos, muy coloridos!!!!


Mario, el dueño de homestay,  es descendiente del primer poblador de la isla, su bisabuelo. Me ha contando que su bisabuelo tuvo tres hijos, cada uno se fue a una zona de la isla, el que se fue a la costa sur no tuvo descendencia así que en esa zona no hay pueblo. Al oeste se vino su abuela, aquí es donde está él y el otro pueblo. Es el que da a la playa principal de las tortugas. 

Aquí se hizo la primera reserva marina del país,  al principio nadie quería pero tres años después de empezar a dejar una zona sin pescar se dieron cuenta que había más peces y más grandes, curiosamente el objetivo de la reserva no era proteger a los peces si no hacer más eficiente la pesca. Aquí sólo pueden pescar unos meses, luego el monzón y el aire no deja,  en esa época por suerte les vienen los turistas.

El arrecife también  lo destrozó un tifón   hace cuatro años, así que casi no queda coral duro en toda la zona sur y oeste de la isla, Mario me cuenta que el cambio climático ya esta aquí,  que hasta los vientos cambian los últimos cuatro o cinco años. La isla la tienen bastante cuidada y tiene bastante ambiente rural, con sus gallos por todos los sitios, sus tiendecitas,  y aquí lo pozos que para un pequeña isla como esta son la vida. También  Mario me ha contado lo difícil que es gestionar el agua.



En los tres días que estamos en la isla nos damos algún paseo por la isla, son como dos pequeñas montañas y unos caminos que comunican los distintos sitios, que son muy pocos, más pequeña que Malapascua pero mucho más empinada. La verdad es que en cuanto andas un poco no parece un sitio turístico,  todo muy local y todavía salvaje. Tiene alguna laguna verde me imagino que salada y alguna playa en la que es dificil meterse en el agua, por el aire, las olas y las rocas. Pero aún así estaba más cómodo en Siquijor, aquí el resort esta en el medio del pueblo y entre gallos y buzos es un poco escandaloso.

Por lo demás me he dado el capricho de ir al agua cuatro veces a ver a las tortugas, ninguna me ha decepcionado y finalmente me he saltado el buceo.  Solamente en el último paseo acuático, sólo en la ida, he visto doce tortugas pastando en menos de un metro de agua, algunas grandes como yo, todas muy verdes, a veces en grupos de tres o cuatro, sin inmutarse, saliendo a respirar con ellas la cabeza les brilla mucho más fuera del agua, como un coraza. Los cuellos muy arrugados y todavía con pequeñas uñas que conservan en las aletas,  nunca me había fijado.


Bueno, no creo que nunca tenga la oportunidad de verlas igual en el agua, es una experiencia que merece la pena vivir, y si es posible más de una vez. También  he visto alguna morena, alguna serpiente, algún bicho más,  pero peces todos pequeños, aquí siguen pescando mucho. Por lo visto todavía es la principal fuente de ingresos de la isla, aunque el turismo debe ayudar y mucho, más de lo que reconoce Mario. La iglesia descomunal - con forma de pez!!!!-  que están construyendo en la isla no está en proporción a nada, ni la isla, ni la población,  ni las viviendas.... pero sigue siendo la isla de las tortugas.



sábado, 6 de febrero de 2016

Dumaguete

Hay que irse de Siquijor, una pena, pero me quedan cosas por ver. Salimos en un triciclo hasta el puerto -vamos seis, pero llegan a ir hasta ocho-, sacamos el billete del ferry y esperamos tumbados al lado de la playa, viendo el mar, así da gusto transportarse. Llegamos en un par de horas a Dumaguete,  un ferry mucho más lento con coches, que aquí llaman RORO - Roll in Roll out-, pero bastante más cómodo que el rápido y menos de la mitad de precio, unos dos euros.


Dumaguete es una parada intermedia, de ida y vuelta, esta en la punta sur de la isla de Negros,  la que esta enfrente de Cebú,  bastante montañosa.  Es la zona de Negros que vamos a tocar, aquí vivían los negritos, un grupo étnico curioso, una especie de pigmeos asiáticos. No sé casi nada de ellos, y el museo estaba cerrado, así que tendré que leer.

Nos quedamos en Harold's Mansion, no es una mansión pero es uno de esos sitios para viajeros que tiene de todo, sobre todo una gran terraza para relajarse, tomar algo, hablar con otros viajeros y obtener información. Y en este caso para reencontrarnos con los chicos suizos de Malapascua, Vincenzo el importador de vino, un encanto.

La ciudad es agradable para ser una ciudad filipina,  tiene un mar azul impresionante delante que ayuda mucho, un paseo marítimo cuidado, más aceras de lo que es normal, y es ciudad universitaria,  con  mucha gente joven y unos colegios y facultades elegantes.


El paseo marítimo, como no, se llama Rizal.  Tiene 100 años y eso aquí no es muy normal, no se construyó mucho en esa época que sea memorable. Es agradable por el ambiente local, los grandes árboles que creo son  jacarandas,  la playa donde los niños juegan al fútbol -por primera vez no al baloncesto-, los pescadores, el movimiento de ferries con la vistas sobre Cebú, Negros y Siquijor.

Se ve alguna gente pidiendo pero en general los locales sacan la vida adelante con cualquier tipo de trabajo, los supermercados tienen a cientos de personas trabajando, más que clientes, se vende de todo en la calle, puestos de comidas y de cosas que pueden ser comestibles, vendedores de helados de otro tiempo, con campana y nevera de corcho, escribidoras a máquina me imagino que de impresos y otras formalidades y por supuesto todo tipo de transportes. Y por desgracia otra vez mucha pareja blanco mayor-muy joven local.


Poca historia le queda a la ciudad, una de las cuatro torres de la iglesia construida como fortaleza para alejar a piratas, también hecha de coral como en tantos pueblos de Cebú.  Con la luz es una ciudad por la que se puede andar, con su zona de mar para relajarse y pasar el tiempo, pero tenemos más cosas que hacer y más islas por ver, así que seguimos de largo.


viernes, 5 de febrero de 2016

Siquijor

El ferry desde Bohol es caro para los precios de aquí,  unos 20 euros para tres horas y poco, pero sólo hay una opción. La llegada a Siquijor nos enseña la isla más bonita hasta ahora de  Filipinas,  por lo menos al llegar, se llega a un pueblo con playa a los dos lados.

En la isla se han organizado para sacar más dinero del turismo,  así que ahora al llegar tienen unos precios cerrados para los triciclos, unas diez veces más caros que para los locales, pero venimos sin reserva y empieza el año chino, así que cogemos a uno que nos enseña media isla hasta que nos quedamos en un lugar que se llama Resort John Lhea, al lado del mar, con bajada al agua y unas puestas de sol espectaculares.


La isla me encanta, no se si es por el ambiente caribeño,  por el mar plano y visible, por la tranquilidad,  por el equilibrio entre chiringuito y soledad,  .... no lo sé, pero llevo 24 horas y estoy encantado. Flotando en el agua, viendo bichos debajo del agua, con una san Miguel en el chiringuito,  un pincho o la puesta de sol desde la hamaca, todo me gusta, y sobre todo la tranquilidad  y eso que en teoría la isla está casi llena!!!

La playa está muy salvaje, aunque como siempre aquí lo bonito es el mar no la playa, aquí sin embargo hay algo de arena y unas palmeras, árbol de la vida para ellos que adornan toda la costa.


Debajo del agua el coral no parece gran cosa, pero el agua está estupenda, super transparente y tiene toda la vida de Filipinas. En un  rato de snorkel he visto dos tipos de gambas, cangrejos porcelana, peces escorpión y león de los raros, gusanos de mar, morenas, todo tipo de nemos,  estrellas de mar y erizos,  todo en una pradera marina, casi sin un coral, pero vivo.




La noche aquí,  desde donde escribo, en la tumbona con la cerveza viendo la puesta de sol, sobre una roca con una cruz como de Santiago. El sol escondiéndose detrás de la isla de Apo a la hora a la que todos los pescadores salen a trabajar. Ahora ya sólo se ven las estrellas hasta el borde del mar, justo donde empiezan la luz de las barcas.



Hemos pasado cuatro días en Siquijor, todo el tiempo en la misma zona de San Juan, en una distancia de unos 8 km de largo,  para que mas. No me he atrevido con la moto, ya demasiado cerca de irme a Oceanía seria un mal momento para tener un accidente. En cuanto vuelva a  España está en la lista de cosas a aprender, utilidades para cuando viajo, como la bici en su momento. 

Al norte hay una playa en una zona de resort que se llama Coco Grave,  es el único resort un poco grande que se ve y está muy bien integrado en la playa, sólo se ven algunas chozas de paja para comer y solo le sobran unas banderolas altas. La playa está limitada por rocas y de roca es el fondo,  aquí se pasa el día bien y el mar es claro, lleno de estrellas de mar, pero me gusta más la otra playa.


Hacia el sur del resort esta la playa de Paliton,  más arena  blanca, más palmeras, nadie, sólo barcas de pescadores. Cerveza en JJs un pequeño hostel que alquila tiendas de campaña,  flotar en el agua, comida y cena en Baha Bar, el mejor sitio en el que hemos estado en Filipinas,  comida y ambiente. Tarde de snorkel enfrente del resort.... me podría haber quedado aquí un mes.


La vida en la isla es muy local, casas pequeñas,  pequeños negocios,  triciclos para transportarse, y parece ser que una pequeña explosión turística,  con los locales intentando montar nuevos pequeños hostales enfrente del mar. Mientras que quede en la economía local, nos destruya el entorno e impida la masificacion me parece un modelo estupendo.


En el Baja hemos tenido comida y cena estupenda, y económica,  y por supuesto San Miguel, música en directo local y agradable, .... unas vacaciones  dentro del viaje, otro pequeño paraíso para poner en la lista. Filipinas cada vez me gusta más.  Esta segunda vez más que la primera vuelta. Y cuanto más empiezo a leer de Australia, más aprecio lo que voy a dejar detrás.



lunes, 1 de febrero de 2016

Bohol

El último día en Malapascua tiene el tiempo un poco complicado así que no podemos ir a la isla de Gato y lo de dedicamos a pajarear y planificar que nos va haciendo falta. La niña del resort no ayuda bastante a buscar un par de sitios en filipino, en inglés o por correo no me estaba contestando nadie.

Nos vamos a Bohol, sólo el viaje ya es una aventura aunque está a poco más de 200 kilómetros.  Primero un barquito pequeño para salir de Malapascua. Después de una discusión no tomamos una van para turistas después de que cambien el precio tres veces y seguimos en bus, unas cuatro horas. Todo muy local, viendo toda la isla,  se ve una vida muy humilde, con casitas muy básicas, canchas de baloncesto en cualquier sitio, diez gallos por casa y mesas de billar también en cualquier sitio. Comemos de cazuelas locales y llegamos a la estación norte de Cebu City, allí un taxi nos lleva al puerto. Con suerte sale un barco justo cuando llegamos,  es de los rápidos,  doble de rápido, doble de caro, pero solo 8 euros. A las 18.00 llegamos a Bohol. A Tagbilaran,  como reservamos hotel nos acercamos andando.


Tagbilaran es una ciudad típica filipina, pero pequeña,  oscura, con pequeños comercios por todos los sitios, y triciclos sin parar, aquí solo valen diez pesos por persona, ¿cómo van andar los locales?. Ni yo ando. Está lleno de panaderías así que el desayuno está asegurado.

Nos damos la vuelta tradicional por la isla pero en vez de ir en un tour nos vamos en transporte local, un poco lento pero con encanto si vas con paciencia. Los filipinos que no están cerca de los turistas son gente agradable y muy abierta, muy sonriente y ruidosos, todos se van haciendo bromas.

Nos acercamos en jeepney al mercado local y allí tomamos un bus local a Síkatuna, el nombre del jefe local que pactó con Legazpi bebiendo una vaso de sangre - hay una estatua muy chula de bronce cuando se vuelve a Tagbilaran. Es una bonita historia de confianza y tradición.... por lo menos la parte inicial del pacto. Antes de llegar a Síkatuna nos bajamos a ver uno de los motivos de la visita a Bohol, los tarsios.


Estos bichos enanos los tenia pendientes desde hace tiempo pero en Sulawesi fue imposible por los incendios. Aquí tienen un centro de conservación y se les ve mucho mejor de lo que esperaba, vemos 4, y todos están despiertos, con los ojos muy abiertos y muy cerca. Parecen de broma.  Miden unos 10 cm, con la cabeza de Yoda, que gira 180 grados, un espectáculo verlo, y unos ojos más grandes que la cabeza. Unos dedillos con los que se agarran a las  ramas, una cola super larga, y unas piernas que le dan el nombre por el largo hueso tarso. Los he visto mucho mejor de lo esperado y me han encantado, parece ser que son muy frágiles, me lo creo. Parece ser que se suicidan en cautividad, la verdad es que no me extraña que la tentación de tenerlos de mascota sea grande.

Salimos del centro y volvemos a coger el autobús,  ahora a Loboc.  Los autobuses son pura artesanía,  no sé de donde será el motor, pero el interior es todo hecho a mano, madera y metal, hasta los cristales de la ventana no son cristales, son tablas de contrachapado que se meten y sacan de la carrocería cuando llueve. En media hora llegamos a Loboc.


En Loboc está la iglesia más antigua de Filipinas,  la tiró hace poco un terremoto.  Se ve muy larga, pero poco que ver, y lo peor será la restauración. Por aquí pasa un río estupendo, entre la selva de aguas verdes. Los niños juegan en la orilla pero el plan para visitarlo da mucha pereza, unas balsas grandes para comer,  como para 100 personas, con el I will survive de fondo. Huimos y comemos en el pueblo una pizza estupenda hecha al horno, y lo mejor, unas cervezas congeladas.

Desde aquí cogemos a un señor en una moto que por un euro nos lleva al Eco Park, hay unas vistas estupendas del río y las montañas,  y además se puede tirar uno en tirolinas -yo no-,  pero la experiencia se ve fantástica.  A la próxima me atrevo, vértigo aparte.


Salimos a la carretera y subimos al siguiente bus local, también muy animado, nos hacen un hueco y seguimos la visita. La isla se ve muy verde.  Se pasan algunos bosques que parecen nórdicos y muchos arrozales, mercados y gente trabajando, muy agradable.

Llegamos a la parada final y la otra gran visita pendiente, las colinas de chocolate. Vi una foto hace muchos años y me llamó la atención el nombre -de las colinas y de la isla- así que aquí estoy.  Un euro y diez minutos de subida y todo el paisaje para mi. Me encanta. La luz, las formas, la tranquilidad. Parece ser que hay cientos de pequeñas montañas en la zona, se supone que zona de coral que salió del mar hace mucho. Ahora unas colinas pequeñas como agujeros Hobbit. Ahora no muy marrones, mas bien verdes pero sin árboles.


Desde aquí la vuelta son  dos horas de integración local, en un autobús para 30 debemos ir más de 100, 70 sentados, 30 de pie, y muchos en el techo. El ambiente es muy festivo, muchas risas entre los locales pese a la incomodidad, no parece el metro en hora punta. Las vistas con está luz estupendas, aunque la vuelta se hace larga. Llegamos a tiempo de cenar, al día siguiente desayuno y al puerto, seguimos viaje a Siquijor. En Bohol nos saltamos el buceo porque no hay bichos raros nuevos.



sábado, 30 de enero de 2016

Malapascua

La isla de Malapascua,  como muchas otras, me gusta mucho más con el paso de los dias, así que mejor que escribo ahora que llevo cuatro días aquí. Es un destino para bucear, con sus lugares de tranquilidad, no grandes playas pero bonitos rincones, gran colonia de españoles dedicados al buceo -o que quieren bucear en español- y algunas zonas menos bonitas.


Después de quedarme un día de mas en Cebú por la lluvia, día que uso para planificar y aprovechar más cenas con amigos -que los empiezo a cansar que ellos están trabajando  y mucho - salimos para Malapascua. Llueve todo el día otra vez, y el autobús nos lleva más de 4 horas para alcanzar el borde norte de Cebú.  Toda la costa es agradable,  mar y pueblos con iglesias y Rizales.

Al llegar a Maya, final de trayecto,  para tomar el barquito a Malapascua tenemos el típico enfrentamiento con mafia de transporte local. En los autobuses y las estaciones es muy fácil y además no insisten nada, los locales son agradables y simplemente te mandan al autobús.  Los triciclos, aunque cansinos, es un tema de regateo y saber los precios un poco para no sentirse engañado. Con las barcas es más complicado,  no hay salida, así que simplemente te mienten y te toca discutir. Como sólo somos cinco viajeros se complica un poco, pero después del rifirrafe nos conseguimos subir a tiempo por el precio casi real,  100 pesos en vez de 80. Llueve sin parar, es tarde y en el barco nos ponemos hasta arriba de agua, dulce y salada. Al llegar todavía hay que desembarcar a una pequeña barca que te acerca a casi tierra, pero aún así te mojas más.


Al llegar a Malapascua la entrada no es prometedora. Hace dos años el tifón Yolanda destrozó la isla y se nota en esta playa en concreto. Las callejuelas no parecen las de una isla tropical, la lluvia no ayuda. Después de dar unos cuantos paseos nos quedamos en un resort en reconversión, Purple Snapper,  y nos enteramos rápido del buceo.

Al día siguiente y con sol la isla empieza a tomar forma. La paseamos de arriba a abajo,  la población tiene 4 calles, de mayor a menor calidad, cuanto más cerca de la playa mejor, con los sitios de buceo y las terracitas con cojines en la arena. La playa es muy visual,  pero no una playa de nadar, casi que ni de estar. Te estás en el chiringuito,  y el uso para los buceadores y los barcos.


Al otro lado de la isla se llega en poco más de una hora andando, en cuanto se sale de la población las casitas y la isla tiene más encanto, aunque hay algo de problema con las basuras, está más sucia que otros sitios de Filipinas. En la otra punta las playas son mucho más salvajes y un pedacito de paraíso,  con palmeras, arena blanca y un mar para nadar.


Por aquí se ven los estragos del tifón,  algún resort estupendo esta totalmente destrozado. Los cocoteros en gran parte de la isla partidos al medio. Eso sí,  se respeta la medida del cocotero y se construye siempre más bajo como dice Theroux, la medida máxima de una vivienda debería ser un cocotero.... por lo menos la vivienda tropical.


En la costa norte se abren pequeñas bahías,  y en cada una un mar azul,  pueblo de pescadores,  muchas barcas y gallos sin parar, gallos de pelea que a veces tienen mejores casas que las familias. Vemos un bingo muy local, juega todo el pueblo, y los numeros son en español. Ya tengo composición de lugar de la isla,  de aquí en adelante todo va a ir a mejor y a excepcional, sobre todo al meterme más y más en el agua.


Por supuesto vamos a ver los tiburones zorro. Malapascua es el único lugar del mundo donde se pueden ver. Viven a 150 metros, son ciegos, y suben a unas plataformas de limpieza en Monad, que se han hecho zona protegida. La verdad es que es una experiencia especial cuando vienen nadando hacia ti moviendo esa cola gigantescamente desproporcionada, son realmente bonitos,  únicos.  Merece la pena los minutos que pasas con ellos.


Hubo bastante suerte. Antes fuimos a buscar tiburones martillo, que ya es época,  pero después de 50 minutos en el medio del azul casi negro - no eran ni las 5.30 de la mañana - no los vimos, eso sí,  vi un tiburón gris de arrecife que nunca había visto, también con la cola más larga de lo normal, pero no tanto como el zorro. Al hacer esta inmersión primero nos quitamos los grupos que van todos a la misma zona a ver a los zorros. Se les ve de rodillas en el suelo, a 30 metros,  delante de una cuerda que han puesto bajo bajo el agua, como el teatro. Nosotros bajamos solos y vimos a 4 que además se acercaron mucho.

La verdad es que el buceo aquí es muy cómodo,  hemos ido solo siete personas, tres dive master, y seis en total de tripulación en el barco, te ponen hasta las aletas, me encanta!!!!  Un barco super amplio y con camas en el centro,  el mejor barco de buceo hasta ahora. El centro de buceo es pequeño,  más personal,  el dive master es español, un encanto. Aquí me he encontrado a Li, el instructor de Sudáfrica que me tuve en el Advanced,  a Pablo y a Kike de Perentians,  a Pak que le vimos en Manila ..... toda la comunidad de buceadores en español,  un buen nicho de mercado.



Nos hemos acercado un día día a bucear a la isla de Calagganban, isla pájaro por la forma o los pájaros -que yo no veo- La isla en si merece una visita, es una franja de tierra con sólo cocoteros,  una lengua de arena que se adentra en el mar, un lateral de piedra caliza plana y un mar azul turquesa, la típica isla de postal. Cobran 10 euros por venir, espero que sirva para que por lo menos no se la vendan a Beckam. El paseo alrededor de la isla es un lujo, los visitantes de la isla se concentra en la lengua de arena a hacerse selfies.  Se le da la vuelta en poco más de media hora.


Por debajo del agua es un paisaje distinto. Aquí en Filipinas el coral suele estar muy mal, sobre todo si esta cerca de poblaciones,  la dinamita,  el cianuro, los tifones, los barcos, el snorkel, .... se lo ponen muy  difícil al mar, pero en Filipinas hay mucha vida y al irse a sitios un poco más remotos se ve mucho bicho, y se ven corales blandos muy coloridos, aquí en concreto las paredes parece que tienen árboles.


En la dos inmersiones que hemos hecho aquí hemos visto muchos peces escorpión que cada vez veo más fácil y cada vez disfruto más, morenas y alguna coloridos nadando por ahí,  peces halcón con narices muy largas que se cuelan entre los árboles de coral, muchos nemos,  anémonas y damiselas, un cangrejo de porcelana muy enrollado, peces caja de miniatura, ....


Con tanto buceo he pasado a disfrutar mucho más de los bichos pequeños, Lembeh un punto de inflexión, con tantas criaturas raras y coloridas. También noto muchísimo que me controlo mucho mejor en el agua y eso me hace disfrutar más. Aquí he visto algún nudibranquio realmente de cuento.



Las puesta de sol son estupendas, el tiempo se ha recuperado y todas las tardes hemos tenido un espectáculo antes de irnos a cenar. El color es tan naranja que resulta difícil de creer y además las nubes y las islita cercanas hacen el paisaje más colorido.


Ademas de reencontrarnos con dive masters hemos conocido más españoles que nunca, quizás desde Rantenpao.  Hablando con una pareja que vive y trabaja en Ocaña he vuelto a descubrir que la vida puede ser más barata cerca de casa que en Malasia o Filipinas. 

Malapascua se llama así por unos españoles que naufragaron aquí justo el día de Navidad, todos los que vienen ahora terminarán por cambiarle el nombre. Tumbado en la playa, en uno de los cojines de un bar, con las cervezas a un euro, y las estrellas que llegan hasta el borde del mar dan ganas de cambiárselo pero ya.



No consigo cambiar mis libros, se ve que sólo los alemanes leen, los españoles bucean, vocean- más que los chinos-, y se toman alguna que otra copa - por lo visto cuanto más ron y menos coca cola más baratos los cuba libres-. Me he leído en un rato Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, de la lista de pendientes y una curiosidad. No me ha encantado como Los Viajes de Gulliver que me sorprendieron, por las historia y por los mensajes entre líneas para esa generación. Alicia es un cuento y sólo un cuento, y Disney  me impide imaginarme nada, lo mismo que les pasará a la nueva a generación de niños que vea el Señor de los Anillos antes de leerse el libro. ... si es que se lo leen.  

martes, 26 de enero de 2016

Oslob

La siguiente parada es en un pueblo de la costa este, Oslob, básicamente para ver tiburones ballena. Mucho he leído sobre venir o no aquí,  pero nos pilla de paso para volver a Cebú City a ver a mis compis y tomarme otra cerveza con conocidos ocho meses después! !!!


El tema es que aquí los pescadores empezaron a a alimentar a los tiburones ballena y ahora se han quedado. No suena muy ecológico que alimenten a un pez migratorio y me espeluzna un poco todo el turisteo alrededor pero la verdad es que los quiero ver y probar. En Luzón nos quedaba muy lejos ir a verlos y en Leite también nos lleva casi cinco días ir y volver. 

El paseo en autobús ha sido muy agradable, los pueblos más coloniales, todo pegado al mar, más vida de campo, verdaderamente con un aire un poco caribeño y los dos autobuses no han costado ni dos euros por persona. El único tráfico son motos, triciclos a pedales y a motor, curiosamente hay muchísimos a pedales, me imagino que para distancias cortas, el asiático anda poco y asi se reparte un poco la riqueza.


Al llegar a Oslob nos paramos a comer antes de buscar alojamiento y casualidades de la vida el único otro chico en el lugar es español,  Miguel, un tirador del equipo olímpico español que lo dejo todo en España,  en Castilla La Mancha, y ahora trabaja para la Federación Filipina. Curiosamente me dice que aquí ha cambiado su vida, que no volverá,  que todo es más simple, .... en el equipo lo hacen todo, fabrican el equipo de competición y hasta compra bicicletas para llevarse los chicos a las competiciones, para él una vida más simple y más feliz que en Europa. 

Me vuelve a costar un rato encontrar alojamiento,  nos quedamos en la residencia Crónin,  agradable, al lado del mar. Aquí los pescadores con los tiburones han pasado a una nueva economía. El pueblo tiene un pequeño rincón agradable y colonial, con la antigua iglesia y el cuartel español,  todo construido con coral, algo difícil de ver en otros lugares del mundo.


Me da la sensación de haber dos Filipinas,  la de las grandes  ciudades, y el resto. Los pueblos bastante tranquilos y agradables aunque no bonitos, y quizá el matiz, la cercanía al mar que les da un encanto especial, el mar aquí es perfecto y todo son islas, aunque realmente las playas no son gran cosa, las excepcionales son eso, excepciones.


Y ha estado muy bien. Y no. Para mi un poco lo esperado. Muy bien porque he visto a los tiburones ballena estupendamente,  muy cerca,  mucho tiempo y muchos,  al menos seis o siete, no muy grandes,  unos seis o siete metros. Impresiona verlos moverse bajo el agua, que sea un ser vivo, con esos puntos blancos como de diseño y su boca alargada aspirándolo todo.


Y no muy bien, más por los humanos que por otra cosa. Eramos bastantes, unos 100, y eso que hemos ido en moto taxi a las 5.30 de la mañana, y nos hemos subido en la primera barca, y eso nos ha dado diez minutos iniciales más tranquilos, con menos gente. Luego se ha llenado y aunque cien no parezcan muchos, se convierten en muchos al ir todos al mismo sitio a la misma vez, pero sobre todo por el comportamiento. En vez de disfrutar del bicho y verlo pasar hay mucha gente acercándose demasiado solo para hacerse una foto con su palo selfie acuático y empujando a todo el mundo,  tiburón incluido. Aún así,  con un poco de tranquilidad se disfruta mucho cuando lo veías pasar y no había mucha gente alrededor.


El tema de darles de comer hace que parezcan un poco mascotas,  se hace raro, un animal tan grande. Sin duda creo que el modelo es malo, pero también es verdad que da de comer a toda esta zona de costa,  no sólo los pescadores, también hoteles, restaurantes y transportes. Quizá un sistema más libre, como las reservas de África, aunque con algún limite sería una mejor opción,  para peces y para individuos, pero claro o se suben los precios -como en Africa- o se vive con menos ingresos, y por supuesto ves lo que ves, no se te garantiza nada.


Luego, después de pillar una buena mojadura en la moto - parece que hay ola de frío en Asia, 4 grados en Taipei, 85 muertos!!! -, y desayunar ensaimadas nos vamos en bus para Cebú City, a otra noche de amigos y cervezas. Por el camino se pasan pueblos con algo más de encanto, mas pueblos coloniales, con bellas iglesias de piedra y casas de madera, y por supuesto parques de Rizal con terribles estatuas de escayola, pintadas o no, pero todas feas.