jueves, 12 de noviembre de 2015

Toraja - Norte trek

Salimos por la mañana, no pronto, sobre las 9.00. Vamos con Jacob de guía,  a Rachid no le iba bien el trato y nos presentó a un amigo suyo. Borja y Aureliana cerraron el trato en poco más de dos millones para los cinco,  unos 15 euros por día por cabeza. Jacob se trae un aprendiz, Frans,  que nos acompaña todo el camino, nos vendrá bien.

Lo primero es salir a buscar un coche que nos lleve al punto de inicio, damos algunas vueltas y Jacob negocia con un conductor, lo consigue a la primera, difícil no es. Subimos unos 45 minutos por las montañas y entre arrozales. Al dejarnos tan arriba pensamos que va a ser todo el camino bajar, pero no. Error.


Nada más bajar cruzamos una zona donde tienen atados los gallos de pelea, todos muy bonitos, unos alejados de otros con una pata atada a un palo clavada al suelo. Y una de las infinitas mini gasolineras que existen en el país,  unos maderos que sostienen unas botellas de gasolina, para las motos, con el precio indicado. Esta es más cara, 10.000 la botella, será por estar mas lejos. Pasamos por un colegio con un montón de niños escandalosos. Jugamos un rato con ellos al takraw, con una pelota de caña, muy ligera. Tocarla es más fácil de lo que me parecía.  El juego normal es de tres contra tres, con una red en medio, y eso es ya otro nivel.


La primera parte la hacemos directamente por las terrazas de arroz, andando por los bordes de barro que separan las terrazas.  Aquí todavía está verde y sin recoger, las terrazas inundadas, las señoras trabajando en el campo, y los búfalos tendidos por todos los sitios descansando y en sus charcas, necesitan el agua. Toda esta primera parte es muy bonita, mucho más verde de lo esperado, hace mucho que no llueve aquí. Hacemos parada de avituallamiento en un puente de bambú y seguimos camino. El bambú lo vamos a ver todo el tiempo, en grandes manojos de más de diez metros de altura, pero también utilizado para todo, para los puentes grandes y pequeños, para las canalizaciones,  para las casas.


Nos metemos en una ruta bastante más aburrida, por un camino forestal que es realmente un pinar, parece un paseo por la sierra o Segovia, y metidos en el camino se ve menos paisaje, eso sí huele deliciosamente a pino. Llegamos a una cuesta bastante pronunciada, nos separamos un poco, a Soledad le  cuesta subir. Vamos con  un grupo de niños que vuelven de la escuela, me tengo que meter un poco entre medio porque los niños va pegando a las niñas con unas gomas elásticas que les queman las piernas. En cuanto me meto se separan los niños y las niñas, nosotros nos quedamos con las niñas que son encantadoras como siempre, con su diccionario de inglés intentan ir practicando algo y se hacen unas fotos con nosotros. Al final de la cuesta ellas siguen andando a distintos pueblos, nosotros esperamos al resto del grupo.


En seguida paramos a comer en una casa local de madera,  recién hecha, con poco encanto,  pero local. La comida es muy muy básica, arroz con verduras insulsas, va a ser una constante. Traemos algún snack para coger fuerzas. Después del té y mientras echamos la siesta los pollos se cuelan en la casa y se comen las sobras, nos limpian el suelo donde hemos comido.

Por la tarde el paisaje y el trekking  mejora muchísimo,  salimos de la senda entre los pinos y empezamos a andar por lo alto de la montaña,  el paisaje es bonito pero no parece de Asia, es un bosque de pinos con un valle y un río,  pero pronto volvemos a las terrazas de arroz, y sobre todo lo que mas me apetecía ver y hacer, caminar entre los pueblos Toraja de Montaña.


Los pueblos son muy tradicionales,  con sus casas Toraja de madera y sus hórreos enfrentados, como si tuvieran como pequeñas plazas, en cada zona una familia o varias, y las plazas comunicadas entre sí. Todo de madera. Todo el suelo de tierra. Los niños jugando, los mayores sentados o atareados alrededor de la casa, las mujeres cocinando, los hombres trabajando la madera.


Los pueblos suelen estar en pequeños altos, con sus propias terrazas de arroz y sus pequeños bosques de bambú,  lo único que no pega son las pequeñas iglesias de ladrillo que están construyendo a la entrada de muchos de ellos,  no se integran en absoluto, ni en los materiales, ni en la estructura. Pegotes.


Nos quedamos a dormir antes de lo esperado, en un pueblo anterior,  Tinapu,  somos un poco lentos. El pueblo es genuino, la entrada te da sensación de exploración,  en medio de la colina, con sus casas y sus graneros.  Los locales nos reciben, nos enseñan la casa donde vamos a dormir, una de las casas tradicionales,  y desde aquí vemos la puesta de sol. Paseamos un poco el pueblo y practico un poco mas de fútbol con los niños locales.


Antes de cenar nos tomamos un té con los guías debajo de uno de los hórreos,  apoyados contra los pilares, como los notables de la villa. La cena es igual que la comida pero con un poco de pollo y pasta, la mejor de los dos días.  La completa un fuet que se ha traído Soledad, se me saltan las lagrimas de la ilusión.

Nos quedamos de sobremesa, el pueblo está muy en silencio. Aunque todo es muy tradicional todos tienen unas antenas parabólicas gigantes en las plazas, así que me imagino que estarán viendo la tele. Los guías se han ido por ahí de fiesta y vuelven un poco contentos,  Borja los ha llamado varias veces porque nos iban a traer arak,  el aguardiente local de palma. Creo que se lo han bebido por el camino, pero nos traen un licor que brota de las palmeras, de la rama del fruto femenino, como 5 o 6 litros diarios hasta que se extingue la rama, sólo tiene 5 grados y no sabe mal, mucho mejor que el que había probado en Senegal, y con más encanto, éste se recoge en una bambú no en una botella de plástico.

La casa tiene tres habitaciones,  dormimos 2,3,2, bastante bien, en un colchón fino. Refresca bastante por la noche pero veníamos preparados, no pasamos frío.  Al levantarse a la mañana siguiente  las vistas desde la habitación son  muy auténticas.



El segundo día el paseo es genial,  todo pueblos y pequeños caminos, sobre arrozales y llenos de tradiciones y costumbres. El primer pueblo es Bidung,  donde pensábamos dormir, es un poquito más grande y muy bonito,  con grandes arrozales a sus pies y todo construcción tradicional. Soledad viene muy castigada de los pies, y aquí nos separamos un rato, ella con Borja irán por un camino más sencillo.


Después de separarnos una local nos viene a preguntar si queremos ver a su abuela muerta, que la tienen en casa. Es tradición enseñarla a los visitantes para que presenten sus respetos. Me asomo con Aureliana. En una casa tradicional tienen una de las habitaciones reservada y arreglada para el difunto. Todo tapizado de rojo, con motivos Toraja y una gran cruz cristiana.  El ataúd también rojo, con una ventanita para poder ver el cuerpo. Yo no me asomo. Por lo visto esta muy bien conservada. Lleva un año ya muerta, la celebración será el próximo agosto.  Aquí cada funeral es un proyecto.


Subimos una colina, toda llena de tumbas en la piedra. En los altos y cerca de las tumbas se ven muchos catafalcos de los que se usan para llevar en procesión el féretro el día del funeral, son de madera tallada y pintada, y solo se usan una vez, luego quedan en las tumbas como parte de la ceremonia. 


Borja y Soledad se nos incorporan en otro pueblo, ya no conoceré ningún nombre de aldea más,  son todas muy pequeñas. Por aquí vemos las terrazas de arroz más bonitas, verdes y espectaculares,  con sus piscinas centrales para criar peces, y con sus búfalos cada vez más gordos. Ya no se utilizan para el trabajo, así que su única labor es la de servir en los sacrificios,  hasta entonces llevan una gran vida.


Seguimos cruzando pueblos, cada vez más bonitos y originales, no te cansas de ver estas construcciones tan llamativas. En una de las aldeas están preparando las estructuras de bambú para un gran funeral, sacrificaran 50  búfalos,  estamos invitados para el 7 de enero. Algunas casas deben de tener un centenar de cornamentas,  son de las ceremonias, el prestigio de las familias.


Nos volvemos a separar otro rato de los demás,  subimos unas cuestas muy empinadas, nos seguimos encontrando niños que vienen del colegio, mas niñas encantadadoras. Los niños juegan con todo, búfalos incluidos. El camino al colegio los mantiene en forma.


En un pequeño pueblo hemos encontrado una tienda,  la única, tiene cerveza fría, pero por esta vez prefiero coca cola por el azúcar, las piernas ya se van resintiendo. Descansamos en el hórreo y veo a la gente pasar. Las mujeres llevan los mismos cestos que en Birmania, trenzados de paja, y con una cuerda sobre la frente llevan toda la carga con el cuello y cabeza. Los hombres están construyendo una casa completamente entera en la aldea,  todo trabajando juntos la madera, con cinceles y mazos de madera.


Por el camino se ven bastantes plantas de café, están en flor, flores blancas en algunos pueblos las están secando al sol. También secan al sol una especie de setas. También se ve bastante cacao, no se convierte aquí en chocolate , se vende fuera, principalmente a Java.  El rey es el arroz, también puesto a secar en ramilletes. Se seca durante dos días, luego se muele en unos recipientes tradicionales para separar el grano de la cáscara, luego se aventa en unas cestas para terminar de filtrarlo. Es la base de la cultura y de la alimentación. También vemos cómo se obtiene el licor de la palma.



Los pies de Soledad van al máximo así que después de varias paradas y cambio de zapatos nos paramos a comer en una casa local. La misma dieta, pero una gran parada. Comemos en la terraza de madera, la cocina también está dentro de la casa. Tienen al menos diez niños, todos muy sonriente y de grandes ojos negros, un poco rasgados. Tomamos el café local y nos echamos una pequeña siesta.


Nos queda el pedazo final, más terrazas de arroz, más pueblo, y sobre todo más cuestas. No habremos andado demasiada distancia, pero el camino tampoco es fácil, unas cinco horas diarias,  y muchas paradas que relajan, disfrutas, pero rompen el ritmo. No se puede tener todo. Después de la última cuesta llegamos a Salu, allí, una aldea igual de pequeña, hay una pequeña furgoneta pública a la que nos subimos. Tras 45 minutos de bajada nos deja en Rantepao. Ha sido un lujo de día.


Venimos cansados, nos relajamos un poquito en el hotel y cenamos al final algo que no es arroz y verdura. Nos despedimos del trío gaditano, toledano, italiano. Da un poco de pena, pero es sobre todo más gente interesante que conoces, e incluso a lo mejor mantienes. Ellos van hacia Manado, nosotros  nos quedamos un poquito más.



Toraja - Sur

Me ha dado pena no irnos con el buen hombre del hotel, no hay muchos clientes, aunque los que hay nos apilamos en el Poppies,  se ve que la Lonely sigue teniendo adeptos. Josep nos ha buscado a Rachid,  un guía que habla español y con el que podremos visitar alguna ceremonia funeral y que nos acompañará todo el día. Alquilamos una furgoneta. 875.000 rupias entre cinco, el regalo del funeral aparte,  nos sale muy bien.



La primera parada es en el funeral, es en un pequeño pueblo a las afueras de Rantepao. Esta abarrotado de gente. Es un funeral de una familia de clase media baja así que sólo hay como unos mil invitados y sólo matan un búfalo hoy.  Hemos tenido suerte y no hemos visto el sacrificio, cuando llegamos ya están despedazándolo.


La ceremonia es en casa del difunto, su ataúd subido en la terraza de la casa preside la ceremonia. Son ataúdes redondos, un tronco de árbol vaciado. Todo alrededor de la casa se han montado estructuras temporales de bambú, todas numeradas como en terrazas, donde se acomodan todos los invitados.

En la zona central se apilan los cerdos apresados entre bambú y cuerdas, cuando se ponen a gritar no es especialmente bonito. En el mismo sitio están despedazando al búfalo.  Los cerdos son regalos de los invitados. Todos los cerdos se matan y la carne, como la del búfalo se reparten entre los invitados. Nosotros también llevamos un regalo, un cartón de cigarrillos.


Cada vez que llegan un grupo de invitados presentan sus respetos a la familia más cercana. Son recibidos como en una plataforma de bambú,  con los nietos vestidos de trajes tradicionales y se les invita a tes y pastas, se entregan los regalos, y son recibidos por el grupo de niños tocando sus instrumentos de viento.  El bambú se usa para todo.


Parte de la familia nos invita a sentarnos con ellos. Tomamos la nuez de betel con una hierba y calcio, aquí lo mastican las mujeres ya que no deben fumar - si quieren conservar su reputación -. Está muy fuerte,  amargo, se debe masticar envuelto en una hoja seca y no tragar. En teoría es bueno para los dientes, a mi me sabe fatal, pero lo pruebo.


Nos traen té y pastas, y finalmente nos quedamos a comer con ellos, arroz, tofu, cerdo cocinado en bambú, en un pedazo de papel y con las manos, está sabroso, rico, y auténtico. Rachid nos va explicando tradiciones y costumbres y se nos va medio día aquí,  me ha gustado mucho más de lo que me esperaba,  y muy auténtico, ni siquiera han mirado el regalo cuando se lo hemos dado y nos han agradecido que nos quedáramos.  Da un poco de vergüenza ver algún turista colándose por el medio de la ceremonia haciendo fotos a todos y andando por donde los locales respetan. Rachid ha hecho que todo sea muy natural.



Desde el funeral nos vamos a Kete Kesu,  es un poblado Toraja antiguo.  Es realmente bonito, pero durante todo el día por los caminos - terribles - vamos a ver pueblos tradicionales, muchos más de lo que me esperaba, y muy bien conservado,  tradición y construcción. 

Las casas Toraja son espectaculares. Todas de madera, el piso inferior vacío para los animales, aunque ya no se permite por salubridad. Las habitaciones arriba,  normalmente tres, incluida la cocina, con la pila de piedra para que no se pudra la madera  y sorprendentemente cocinan también dentro, con su propia chimenea. Fuera se colocan todos los cuernos de los búfalos que han ido sacrificando,  cuanto mas y más grandes mejor. Las paredes completamente pintadas con motivos geométricos y normalmente con una cabeza de búfalo de madera.


Pero sin duda lo más espectacular es el tejado, el techo hace una forma de u muy pronunciado,  como los cuernos del búfalo,  no me dejara de maravillar durante los próximos días. Se supone que imita la forma de barco de los primeros emigrantes que convirtieron sus barcos en casa.  También se dice que apunta al cielo como principio y fin de todo. Los tradicionales se hacen de bambú entrelazado, con  aceite del propio bambú para hacerlo impermeable. Encima crece de todo, toda la vegetación posible. Las modernas ya hacen el tejado de chapa,  mucho más fácil de conservar, pero mantienen toda la estructura. Las casas son de los clanes, de las familias. Cuando las familias van creciendo van construyendo nuevas casas.


Y enfrente de las casas los graneros, son hórreos,  como los de Galicia pero con  tejado Toraja, la misma estructura que el tejado de las casas.  Levantados del suelo con pilares redondos de palma resbaladizo para que no suban los ratones. También muy decorados y coloridos. La gran diferencia es que estos hórreos guardan arroz y no maíz.  Además la base tiene una plataforma donde normalmente se reúnen los hombres del pueblo, sólo los más venerables se apoyan en sus pilares.


El conjunto de casas y graneros enfrentados es muy visual, con todos los tejados apuntando al cielo, como con una gran avenida principal.



En este pueblo también hay enterramientos famosos. Ahora los enterramientos ya tienen motivos cristianos pero se siguen manteniendo muchas tradiciones.  Esta gente se entierra en cuevas o en lo alto para evitar a los animales y  a los ladrones, normalmente se entierran con sus posesiones valiosas. Ellos creen en una vida más allá para la que hay que ir preparado.


Aquí se ven los ataúdes de madera tallados, como cofres, como búfalos,  como cerdos, .... árboles vaciados. En la pared se hacen agujeros, se colocan traviesas y los féretros van arriba. Pero claro, el espacio se acaba, la madera se acaba estropeando y los lugares se reutilizan. El resultado es que se ven verdaderas antigüedades que deberían estar en museos y a la vez una amalgama de huesos humanos por todas partes, con calaveras al aire libre apiladas sobre cualquier sitio.



La siguiente parada es en Madong,  otra curiosidad local. Entre pueblos Toraja se llega al árbol de los enterramientos infantiles. Esta tradición ya no se usa, prohibida por el cristianismo. A los niños que morían antes de que les salieran los dientes se les enterraba en un árbol de sabia blanca, para sustituir a la leche materna, y que siguieran creciendo mientras el árbol estaba vivo. Se hacía un agujero en el árbol sin matarlo y se tapaba con una puerta de caña y bambú,  al crecer el árbol cerraba la corteza.


Justo aquí nos pilla una tormenta y nos refugiamos en el pueblecillo,  en una casa local, donde nos preparan un te estupendo con vistas al pueblo. Un momento íntimo y agradable.



La última visita del día es Lemo,  una de la zona de tumbas más famosas. Todos estos sitios ya están protegidos, vigilados y facturados por el gobierno, aunque sólo a poco más de euro por cabeza. Aquí son famosas las tumbas horadadas en la roca y sobre todo los tau tau, unas figuras de madera que son espíritus protectores del difunto. Hechos a mano especialmente para la ocasión, sólo si se matan al menos 25 búfalos se tiene derecho a poder tener uno en la propia tumba. Las figuras están como en un gradería,  con los ojos muy abiertos. En cada tumba en la pared pueden caber 5  o 6 cuerpos.



Llegamos a descansar a Rantepao al final del día.  El grupo con Borja,  Soledad y Aureliana es muy animado. Son buenos negociadores también,  así que ellos se encargan de gestionar un trekking de dos días por las montañas en la zona norte, dormiremos y comeremos en casas locales, promete, y es como reencontrarse un poco con el Camino. Los negociadores lo dejan todo en poco más de 2 millones,  a unos 15 euros por día y por persona. Esta bien que organicen otros de vez en cuando.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Toraja - Rantepao

Rantepao es un poblacho de estos medios destruidos que se ha convertido en el centro operativo para visitar la zona Toraja. Es poco atractivo pero está céntrico, desde aquí te mueves bien, y tiene donde comer,  donde sacar dinero, guías y demás, pero poco en si mismo.

 

Como estamos agotados de tanto transporte el primer día, después de echar el segundo sueño, nos lo tomamos de descanso. Tenemos suerte,  justo al levantarnos e ir a ver el pueblo nos encontramos con un festival Toraja, es sólo un día al año y ha coincidido hoy. Representa en el centro del pueblo todas las tradiciones locales, así que tenemos la suerte de ver todos los vestidos tradicionales,  música,  bailes y por supuesto la parafernalia de sus celebraciones.

Hay muy poco viajero,  es época baja, así que sólo hay locales alrededor,  además de que no creo que comunique mucho el evento, no había oído nada de él.  Eso si, están todas las autoridades locales, así se explica todas las sirenas y coches de policía que habíamos visto. Políticos. Igual en todos los sitios. Curiosamente el festival lo explican también en inglés pese a los pocos turistas, me imagino que la principal razón es la de atraer más gente, es raro que lo celebren en noviembre.  

Lo primero que nos encontramos son los búfalos de agua, lo que mas atrae nuestra atención. Son muy grandes,  tienen unos cuernos descomunales,  a alguno casi le llegan al suelo. En Toraja es un animal muy preciado, es sólo por motivos culturales ya que no se usan en la agricultura,  pero siguen siendo el animal más importante en el sacrificio funeral. Por megafonía nos enteraremos luego de los precios, alguno alcanza el billón de rupias, casi 70.000 euros, una barbaridad en la economía de Sulawesi.


En la cultura Toraja se vive para la muerte. Como en casi toda sociedad  lo más importante son las apariencias. La combinación, unida a la tradición, produce unas ceremonias funerales únicas y extraordinarias. Los muertos se conservan en las casas como momificados hasta que se consigue suficiente dinero para celebrar el funeral adecuado e impresionar a la comunidad, a veces varios años.  Se invita a miles de personas, se construyen áreas especiales para acomodar a todas estas visitas y se sacrifican cerdos y búfalos, al precio de los búfalos las familias se pueden endeudar para toda una vida. 

Los funerales duran 4 días,  los primeros días son de recepción de invitados, todo en un ambiente muy festivo, lo más normal es que el difunto haya muerto hace años,  el tercer día es el de los grandes sacrificios y el último día se vuelve al luto y la pena y el recuerdo para enterrar al muerto, tras una procesión en andarillas que es bastante festiva hasta la tumba final, normalmente en una cueva o roca.


Todos los locales hoy van vestidos de manera tradicional.  Las niñas están muy guapas. Normalmente las nietas y nietos del difunto se visten de manera especial y están toda la ceremonia recibiendo a los invitados, como pajes, a la entrada de la zona ceremonial.


Los chicos, como siempre,  andan armando más escándalo,  también en sus trajes tradicionales, todos de rayas rojas. Curiosamente como parte del festival sacan a pasear a unas modelos por la solanera,  entre los búfalos,  los guerreros locales y los chicos que se quedan con la boca abierta, es una curiosa vista.

Hay muchos vestidos tradicionales.  Los más espectaculares los de los viejos guerreros que danzan con una especie de capa, unos cuernos de búfalo y llenos de piezas de metal. El traje es muy pesado,  la danza casi una letanía.  Mucho color.


Los niños y niñas también forman grupos de músicos,  con una especie de tubas de distinto tamaño,  todo hecho de bambú.  No suena mal cuando tocan todos a la vez. Estos grupos son los que tocan la bienvenida a los invitados en las ceremonias. Se están friendo al sol los pobres. Otros van en zancos, iguales que los que usamos en España.


Los Toraja ahora son cristianos,  pero mantienen gran parte de su tradición animista.  Las danzas y celebraciones para la buena cosecha y las distintas ceremonias se integran ahora con su fe cristiana. Es curioso ver algunas grandes cruces entre la parafernalia ritual. Las danzas parecen bastante básicas,  pero unen a todo el pueblo . Algunas parecen como unas grandes sardanas o corro de la patata. Dos o tres músicos marcan el ritmo en el suelo con grandes tambores.

También se ve a los jóvenes llevando los catafalcos en los que se lleva a los muertos a su tumba definitiva. En este caso las usan para llevar a unos pobres cerdos que están más muertos que vivos. Los animales aquí llevan muy buena vida hasta que muere alguien.



Buscamos algo que comer y conseguimos un filete, finalmente,  lo iba necesitando. Lo llaman sirloin steak, pero no lo es. Aun así volveremos aquí tres o cuatro a veces. Sabe a gloria. La tarde es para organizar como movernos. He hablado hasta con tres guías,  uno un liante,  otra la oficial del gobierno (corrupta, que en vez de informar se quiere llevar el negocio), y otro con pinta de buen hombre en el hotel. 

Justo en la negociación final conocemos de casualidad a Borja, un gaditano que ha estado trabajando de gerente en un resort en Indonesia y anda por aquí con su madre y una compañera italiana. Conocen a Josep,   un español que tiene aquí una agencia desde hace más de diez años y habla indonesio, así que quedamos para que el nos ayude a decidir la opción  y el precio. Empieza la aventura Toraja, aquí con un grupo muy heterogéneo pero muy sano.



sábado, 7 de noviembre de 2015

Hacia Toraja

Camino de Tana Toraja, la tierra de los hombres de las montañas. Otra de las grandes razones para venir a Sulawesi. Nos costó dos días llegar a las Togean y nos cuesta dos días salir. No es una sorpresa y el viaje es el camino.



No he extrañado dormir al lado del mar. Por estas cosas de los viajes sobre la marcha nos hemos quedado en Ampana, en otras cabañas,  también al lado del mar, aunque en el medio del pueblo. Se llaman Nebula cottages,  como estamos en temporada baja nos quedamos a mitad de precio. Gran desayuno.

Por la mañana hemos madrugado para tomar el ferry de salida, hoy el que viene de Gorontalo, para en Wakai y sale para Ampana,  desde allí queríamos llegar a Tentena y seguir bajando hacia el sur, pero cuando hemos llegado al puerto no había nadie más para compartir transporte - eramos los únicos dos no locales en el barco- y no queríamos llegar de noche a otro pueblo intermedio, Poso, ya que aquí buses directos no hay.


El olor es difícil de llevar a veces en estos transportes, las locales llevan unos pequeños frascos de aceite y colonia,  yo creo que para concentrarse en ese olor. Los locales yacen por todos los sitios y a todas horas, no se si son vagos o no, pero es increíble esa necesidad continua para tumbarse, era mediodía. Lo que mas me irrita es cada vez que acaban un cigarrillo y lo tiran por la borda. Me da pena y rabia, también me da pena y rabia no poder cambiarlo. No me parece bien -ni seguro- recriminar a cientos de indonesios cuando soy el único blanco en el barco.

Este ferry es más grande, ha tardado dos horas en cargar gente y materiales. Se han metido 4 camiones, unas 30 motos, 1 tonelada de arroz, gallinas y hasta un caballo. Hemos vuelto a bisnis,  pero al rato de zarpar hemos pasado por un momento de esos locales que no gustan, el karaoke.  Se han puesto a gritar como locos, a ellos les hace mucha gracia pero básicamente nos han echado. La tatami class no era apetecible,  con decenas de gente apilada sobre las dos plantas de madera para tumbarse, y hemos bajado hacia la rice class -locales tumbados en sacos de arroz- Nos hemos quedado un rato en la escalera y luego hemos encontrado unos asientos por ahí.


En Ampana al darnos  cuenta que es difícil seguir tomamos un ojeck, unas motos, y nos acercamos al pueblo ciudad. Nos cobran un poco más de un euro por cada una y nos dejan en las cottages. Por fin tenemos internet después de más de diez días,  lo necesitamos para dar señales de vida -parece ser que ha explotado algún avión y también algún volcán por aquí- y sobre todo para conseguir los vuelos para seguir viaje.  En las islas internet es más necesario para moverse.

Nos damos un paseo por el pueblo, es tranquilo, tenemos las típicas conversaciones de fútbol y los saludos repetidos de niños y bastantes mayores. Comemos muy bien, pasta, al fin superamos el atún. También  nos podemos beber unas bebidas frías y unos helados. Estamos muy acostumbrados a ventajas casi mágicas en algunas parte del mundo. Esto sin incluir la luz y el agua corriente y el agua sin sabor a leña para beber.

Al siguiente día nos vamos en un coche compartido, otra vez con madre con niño, y dos travestido grandes y feos, no como los thais que te meten en un lío en cuanto te descuidas. El viaje es largo pero bonito por la costa, la música terrible,  no llevamos gallina esta vez.

Nos dejan en un sitio terrible en Poso. Una estación de autobús desierta con cinco locales mafiosos que nos hacen pasar un rato poco agradable. Al final decido salir a la carretera a hacer autoestop o lo que sea y me encuentro un autobús,  así que negocio el ticket directamente allí y con ellos nos vamos. Son 16 horitas de autobús,  de las 14.00 a las 6.00 am, sólo 500 km .... y no se hace demasiado largo. Pasamos por Tentena, toda la isla se ve muy verde mientras dura la luz.


Es un pequeño autobús lleno de locales con gallos de pelea que nos dan el despertar de madrugada, los tapones no son suficiente. Nos paramos por las obras de la carretera y los orgullosos propietarios nos enseñan a sus luchadores. La parada a cenar es en un sitio en el que los mosquitos no nos dejan ver las mesas ni el suelo, todo marrón. Nos saltamos la cena y tiramos de snack


Nos dejan en la puerta del hotel. Unos viajeros nos habían recomendado el sitio, muy Lonely Planet,  se llama Pías Poppies,  un poco mas de diez euros y nos dejan ir a la cama directamente al llegar. Segundo sueño hasta las 10.00. Ya estamos en Rantepao.